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Los Parlamentos
-Aló, ¿Raquel? Hola mi amor, cómo estás! Es Milena, uhmhj
-¡¿Milena?! ¡Hola mi ángel, qué sorpresa tan agradable! ¡Tenemos que vernos!
-¡Claro Raquelita, para eso te llamo! Tengo tantas cosas por contarte. ¿Que tal si nos vemos a las 12 en "Le douce couchon?
-Claro, pero te recuerdo que estoy a dieta y solo como ensaladas y frutas.
No hay problema, ahí se consigue de todo y hay un lechón vegetariano – naturista de muerte lenta.
-Será pues hasta ahora. ¡Ay, que emoción!
A la hora convenida, es decir con solo ¾ de hora de atraso se encuentran las amigas, piden una mesa retirada, brindan una con gin tonic y la otra con jugo de parchita diet.
-¿Y bien, Milena? Abre fuegos llena de curiosidad Raquel, quien luce para la ocasión un talleur de lino con frescos dibujos tropicales, con predominio del verde agua contrastando con juguetones trazos color avellana de Florida.
-Chica, ¡me caso! El es genial bestial, fenomenal, mundial. Se llama Julián, y es UN AMOR.
-Milenita de mi alma, mi vida, sabes que el matrimonio es un paso muy importante en la vida y que una decisión como esa debe ser consultada a los astros, no vaya a ser cosa…
-¡Qué cosa ni que 8/4! El es bello, es inteligente, es fogoso, amoroso, y calza 43.
-Milena, mi niña inocente, tú sabes que los hombres son engañosos, falsos, malos - malucos, a pesar que los necesitamos como el aire que respiramos. Vamos a consultar con la profesora Asunción, vidente de profesión.
-Raquel, yo creo que tú me puedes ver mi futuro. Tú sabes mucho de eso, ya lo has probado muchas veces, como aquella en que anticipaste que mi prima Andrea saldría en estado a poco de casarse, ¿te acuerdas?
-Bueno sí, pero ello se hizo realidad gracias a las infusiones que le dimos, como recordarás.
-Ahjá, cómo olvidarlo. Pero bueno, Raquel, dime que ves para mí.
-Voy a intentarlo. Encontrémonos a las puertas del cementerio del Este a las 12 de la noche y te traes …
-¿Estás loca? Yo no voy al cementerio de noche, ni de día. Además, Raquel, yo sé que tú puedes adivinar con los alimentos que yo haya tocado.
-Está bien mi niña, solo porque te adoro y tengo que protegerte.
Silencio, concentración. Suspiros. Más silencio, más concentración. Más suspiros.
-Milenita, veo un hombre delgado, moreno que te trata de atrapar. Te tiene asida del vestido. Se ve detrás de él una sombra amenazadora, tétrica. Debes huir de ese hombre, Milenita de mi vida. No abriga hacia ti buenas intenciones. No guardará tu hogar.
-Dime Raquel, ¿Tiene su nombre una vocal abierta?
-¡Sí, y al menos dos consonantes! Y veo que cuando te mira, lo hace sin pestañear. Eso no me gusta, Milenita.
-¿Y fuma?
-Sí, y no solo Marlboro.
-¿Y bebe?
-Sí, y no solo agua.
-¿Y baila apretado?
-Sí, pero no solo contigo.
-¿Y pide prestado?
-Sí, y no devuelve.
-Raquel, mi adivina predilecta, ¿crees que es un buen partido?
-Milenita, partido es, bueno no es.
-¡Ya! Lo he confirmado. El hombre del que estuve enamorada no me conviene. Tienes razón, al igual que yo. Menos mal que ya terminé con él.
-Pero cómo, ¿no te estás casando con él? ¿No es la noticia bomba tu matrimonio?
-Sí, esa es la bomba, pero no es con ese hombre con quien me caso sino con Julián que es lo contrario de lo que era José Gregorio, mi ex novio, cuyas características tan genialmente has podido adivinar. Raquel, eres grande. No sabes el alivio que me das, al ratificar que he elegido bien a mi amado Julián.
-Bueno, yo, err, lo que quise decir es que…
-¡Claro Raquelita, cómo no entender lo que tú, maestra entre maestras de la adivinación has predicho y augurado para mí! Ahora es que siento la confirmación definitiva de mi amor y de mi futuro. Gracias, Raquel. Yo y Julián te estaremos eternamente agradecidos. Es más, ¡serás nuestra madrina de matrimonio! ¿Sí? ¡Bravo, hurra, genial! Pásame la cartera. Gracias. Aquí está mi celular. ¿Aló, mi vida, Julián? Mi querido, mi tormento, quiero que saludes a nuestra madrina, Raquel Ramonet.
-Aló, Julián, hola sortario novio, qué placer y honor, bla, bla, bla, patatín, patatán
(Y se casaron y fueron muy felices y comieron perdices)
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