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Las acciones
Poco antes de la hora convenida, se presenta en el apartamento de Javier el pretendiente de Sofía que naturalmente es musculoso, impetuoso e irrespetuoso, amén de presuntuoso y oloroso. Mira amenazador al pobre Javier quien casi está por desmayarse del terror y decepción. El intruso revisa el lugar pero no encuentra nada, aparte de una obvia e inminente cita de amor. Quedan enfrentados uno al otro, mirándose y evadiendo las miradas alternativamente : Primero uno, luego el otro, de nuevo uno, y así.
En ese momento suena el intercomunicador. La mirada de ambos se cruza, estalla un vaso que recoge la tensión del momento. Javier camina hacia el aparato con la alegría y decisión del condenado camino a la horca. Levanta el auricular, no se escucha qué o quien habla (claro, está pegado a la oreja de Javier). Lo único que se escucha es la respuesta de Javier : Umhú, y la chicharra del pulsador de la hembrilla eléctrica.
Regresa a la mesa donde está el pretendiente, haciendo sonar sus dedos en la mesa con ritmo impaciente y enérgico. La violencia que siente y está listo a expresar el pretendiente no se corresponde con la expresión de resignación, entrega y alivio de Javier. Suena el timbre, Javier le indica con gesto amable al pretendiente para que sea él quien abra la puerta. Este se levanta, recorre el trayecto con paso del tipo "Ahora verás, zorra, quien manda aquí". Al abrir, entra en escena... ¡un tribunal a practicar embargo por no pago de deudas de la familia! El estupor del pretendiente es casi cómico, no entiende cómo lo que prometía ser una buena escena de violencia, demostración de hombría y excelente ejercicio de sumisión femenina, se ha transformado en un sórdido y burocrático embargo. El personal del Tribunal va retirando los muebles y enseres, quedando al final solo la mesa romántica, la cual también al final es desarmada y cargada hacia planta baja, con todo y velas, botella, platos, cubiertos, y servilletas con corazones pintados graciosamente.
Javier queda en el centro de la habitación vacía. El pretendiente se despide algo solidariamente del pobre Javier, quien permanece en el lugar.
Al rato suena el timbre, Javier abre y entra… Sofía, bella entre las bellas, quien ha observado desde la calle los acontecimientos, ha esperado su desenlace y - solidaria y femenina - trae dos exquisitas raciones de hamburguesas, papas fritas y refrescos, los cuales son devorados con placer y buen humor por ambos jóvenes.
martes, 15 de julio de 2008
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